Semana Santa en Orihuela

Alicante

De Interés Turístico Internacional

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La Semana Santa en Orihuela es una celebración religiosa que fue declarada de interés turístico internacional en 2010. Esta festividad es otro de los atractivos culturales de la ciudad, que también es conocida por su casco histórico, reconocido como Conjunto Histórico-artístico y Monumental desde 1969.

Durante la Semana Santa, se realizan procesiones desde el Viernes de Pasión o de Dolores hasta el Domingo de Resurrección. La Procesión General del Viernes Santo es una de las más grandes de España, con catorce cofradías, más de 8000 nazarenos, 1200 músicos, dos centurias romanas y una centuria de Guardia Pretoriana.

Un evento particularmente singular es la procesión del Silencio, que se celebra el Jueves Santo desde la Real y Majestuosa Iglesia de Santiago de Orihuela, donde se puede escuchar el impresionante Canto de la Pasión.

La ciudad de Orihuela, como sede episcopal de la Diócesis de Orihuela y debido al profundo arraigo religioso de sus habitantes, ha influido notablemente en los desfiles procesionales. La ciudad está salpicada de decenas de conventos y monasterios.

La imaginería de la Semana Santa de Orihuela es excepcional, con obras destacadas de autores como Nicolás de Bussy, Francisco Salzillo, José Puchol, José Sánchez Lozano, Federico Coullaut-Valera y Enrique Galarza, entre otros.

Una de las obras más singulares de la Semana Santa española es El Triunfo de la Cruz o La Diablesa de 1695, obra de Nicolás de Bussy, que ha sido declarada Bien de Interés Cultural. Esta obra procesiona el Sábado Santo en la Procesión del Santo Entierro de Cristo y representa el triunfo de la Cruz sobre la carne, el mundo y el pecado. Durante el cortejo, se le prohíbe el acceso a la Catedral de Orihuela.

La música también es un elemento singular de la Semana Santa en Orihuela. Destaca el Canto de la Pasión, que se interpreta todas las noches durante la semana de Pasión (la semana anterior a la Semana Santa) y el Jueves Santo durante la procesión del Silencio. El Canto de la Pasión ha sido declarado Bien de interés Cultural Inmaterial.

En la Procesión del Sábado Santo, además de La Diablesa, destaca la figura del Caballero Cubierto, un reconocimiento singular que el Ayuntamiento de Orihuela otorga anualmente a una persona por su amor y lealtad a la ciudad. Esta persona tiene el privilegio de encabezar el cortejo con el pendón enlutado de la ciudad y, por un privilegio papal que se remonta al siglo XVII, puede entrar en la catedral de Orihuela sin quitarse el sombrero.

Historia: inicios

La Semana Santa de Orihuela, que tiene sus raíces en 1536, está estrechamente vinculada a la Capilla de Loreto, situada en la Calle Mayor, junto al Palacio Episcopal. En esta capilla se establecieron cuatro cofradías dedicadas al Santísimo Sacramento, la Purísima Sangre de Cristo o Nuestro Padre Jesús, Nuestra Señora de Loreto y Nuestra Señora de los Desamparados. Estas cofradías tenían la responsabilidad de suministrar la cera que se utilizaba en la Catedral y de dar sepultura a aquellos que morían desamparados y condenados por la justicia. Para cumplir con estas obligaciones, tenían una fábrica de cera y organizaban una procesión el Viernes Santo por la tarde para pedir limosna. A esta procesión, conocida como “de los penitentes”, se unían también los caballeros y ciudadanos que habían formado la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. En total, desfilaban cuatro pasos que representaban a Nuestro Padre Jesús Nazareno, Jesucristo clavado en la Cruz, el descendimiento y Nuestra Señora de la Soledad. Cada insignia era acompañada por los cantores y músicos de la Catedral, dirigidos por su Maestro de Capilla.

En 1602, hay documentos que demuestran que el Ayuntamiento de Orihuela pagaba las antorchas de cera blanca y roja que utilizaban los jurados que acompañaban la procesión.

El Triunfo de la Cruz, también conocido como La Diablesa, es una obra de 1695 de Nicolás de Bussy que ha sido declarada Bien de Interés Cultural. Esta obra procesiona el Sábado Santo.

En 1622, se firmó un acuerdo entre los mayordomos de la Soledad y del Santísimo Sacramento, las dos cofradías que organizaban la entonces llamada “Procesión de la Sangre”, que se celebraba el Viernes Santo por la tarde desde la Capilla del Loreto. El acuerdo se realizó para evitar los conflictos que surgían cuando los mayordomos de ambas cofradías querían llevar la procesión por diferentes rutas. Por lo tanto, acordaron una ruta fija por varias calles y plazas, además de pasar por el interior de la Catedral y de la Parroquia de Santa Justa, entrando por una de sus puertas y saliendo por otra.

A mediados del siglo XVII, desde el convento de Franciscanos, se inició una nueva procesión que se celebraba el Viernes Santo por la mañana. En esta procesión, se solicitaba limosna en nombre de Nuestro Padre Jesús Nazareno, lo que generó conflictos con la Cofradía del Santísimo Sacramento que realizaba una actividad similar por la tarde.

En 1661, la Venerable Orden Tercera, con sede en el Convento de Franciscanos, y la Cofradía del Santísimo Sacramento, con sede en la Capilla del Loreto, firmaron un acuerdo en el que se reconocía que esta última, desde tiempos inmemoriales, poseía la imagen de Jesús Nazareno y otras insignias de la Pasión de Nuestro Señor. Con estas insignias, la cofradía realizaba la procesión de Viernes Santo por la tarde, en la que pedían limosna invocando la Preciosísima Sangre de Jesucristo.

Hacia finales del siglo XVII, además de los mercaderes que ya colaboraban en la procesión de la tarde del Viernes llevando el Santo Cristo, se unieron los panaderos y horneros que, desde 1692, sacaban la “Oración en el Huerto”. Además, el gremio de labradores participó en 1694, llevando una Cruz y sacando al año siguiente el conocido paso de “La Diablesa”, obra del talentoso escultor fray Nicolás de Bussy.

En 1712, se inició una nueva fase. Después de la pausa causada por la Guerra de Sucesión, las procesiones volvieron a realizarse, pero fue a mediados del siglo XVIII cuando alcanzaron gran popularidad con la creación de otro desfile que partía de la Capilla de la Santa Cruz y del Pilar.

La Real Congregación de Nuestra Señora del Pilar organizó en 1758 otra procesión “de los Pasos de la Pasión de Jesucristo”, que se realizaba el Jueves Santo por la tarde. Esta procesión constaba de siete insignias realizadas por prestigiosos escultores. Entre ellas, destacan las obras de Francisco Salzillo, que son motivo de orgullo para el arte de Orihuela: El Lavatorio, fechado en 1758; San Pedro Arrepentido, de 1759 y el “Pretorio y casa de Pilato” – actual Ecce-Homo -, estrenado en 1777. En esta procesión ya desfilaban “armaos vestidos con yerros”, bocinas y tambores.

Historia: siglo XIX

En el siglo XIX, tras el intervalo causado por la Guerra de Independencia, el fraile franciscano Mariano de la Concepción Luzón impulsó la renovación de algunos pasos, la salida de los “armaos”, y la reanudación de la procesión organizada por la Congregación del Pilar. En 1852, el Martes Santo, se introdujo la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Caída, una obra creada por Francisco Salzillo en 1770, que partía desde San Gregorio. A mediados del siglo XIX, se celebraban procesiones el Domingo de Ramos, Martes, Miércoles, Jueves y Viernes Santo. Nuestra Semana Mayor fue adquiriendo mayor relevancia, aunque a veces el fervor popular fallaba y era reemplazado por nazarenos obligados. Tras el intervalo de la Guerra Civil, las procesiones de Semana Santa de Orihuela alcanzaron su máximo esplendor, como bien señala el obispo Luis Almarcha Hernández: «Nuestras procesiones decayó cuando se relegaron a nazarenos obligados. Hubo un tiempo de decadencia procesional, con siervos más o menos voluntarios. Los señores observaban las procesiones que realizaban los siervos; menos mal si alguna vez se dignaban guiados, además de pagarlos…; hoy las cofradías, en hermandad cristiana, el primer sacrificio que hacen es… pagar por salir y luego ocultar su cara al público.

Historia: siglo XX

En Orihuela, durante las procesiones de Semana Santa, todos los participantes, independientemente de su estatus, se alinean en filas rigurosas. Todos son iguales, todos cumplen los mismos deberes y todos poseen los mismos pergaminos de nobleza cristiana.

En el último medio siglo, las procesiones de Semana Santa han reunido a innumerables personas de la ciudad y su huerta en diversas Cofradías y Hermandades. Cada año, miles de nazarenos participan en los desfiles penitenciales. El número de pasos ha aumentado en comparación con épocas pasadas y el espíritu de superación y participación es extraordinario.

Los visitantes pueden apreciar en el Museo de Semana Santa lo que muchas generaciones de oriolanos han acumulado para conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Sin embargo, para conocer la auténtica Semana Santa de Orihuela, es necesario asistir o participar en su Semana Mayor.

Además, en la última parte del siglo XX, específicamente en 1989, la Semana Santa de Orihuela fue declarada de Interés Turístico Nacional. Esto fue posible gracias a las laboriosas gestiones del Diputado al Congreso por Alicante por el Centro Democrático y Social, hijo de Orihuela, el Excmo. Sr. D. Rafael Martínez-Campillo García.

Historia: siglo XXI

El Siglo XXI ha otorgado a la Semana Santa de Orihuela el reconocimiento bien merecido como fiesta de interés turístico internacional, destacando su profundo arraigo, tradición y devoción. La posición de Orihuela como sede episcopal ha tenido un impacto indudable en la Semana Santa de la ciudad, con la sociedad oriolana profundamente involucrada en celebraciones religiosas, litúrgicas y solemnes desde el Siglo XVI. Esta liturgia ha influido en el desarrollo de los desfiles procesionales. La participación del obispo de la Diócesis de Orihuela y del Seminario son testimonio de ello.

La Semana Santa según la mirada de Gabriel Miró

Gabriel Miró, un novelista de gran importancia en la literatura española de finales del siglo XIX y principios del XX, pasó varios años en el colegio de Santo Domingo de Orihuela (antigua Universidad).

A pesar de ser originario de Alicante, la madre de Miró era de Orihuela, lo que le permitió conocer la ciudad. Esta ciudad fue la inspiración para sus dos novelas más destacadas: Nuestro Padre San Daniel y El Obispo Leproso. El protagonista de estas obras es Oleza, un reflejo de Orihuela y de la vida cotidiana de una ciudad envuelta en un ambiente místico durante el siglo XIX. En estas novelas, Miró retrata las procesiones de la Semana Santa de Orihuela, incluyendo descripciones detalladas de algunas de sus tallas y la fe y devoción con la que los habitantes de Orihuela participan en su Semana Mayor. La ciudad, llena de iglesias, monasterios, conventos, un seminario y una catedral, se convierte en un escenario propicio para el misticismo, donde la Semana Santa de Orihuela se convierte en una referencia casi imprescindible.

La Semana Santa según la mirada de Miguel Hernández

Miguel Hernández Gilabert, nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910 y fallecido en Alicante el 28 de marzo de 1942, fue un destacado poeta y dramaturgo en la literatura española del siglo XX. Este ilustre oriolano, Miguel Hernández, dejó un legado perdurable al plasmar en sus obras la Semana Santa de Orihuela, pocos años después de que lo hiciera Gabriel Miró. Las alusiones a las procesiones apasionadas y a la atmósfera de la ciudad durante estos eventos son una constante en su obra.

En letras doradas, Hernández escribió “El Nazareno”, un poema dedicado al patrón de Orihuela, Nuestro Padre Jesús Nazareno.

La Semana Santa según la obra de Francisco Salzillo

Francisco Salzillo, un destacado maestro escultor del barroco español, dejó un legado artístico considerable en Orihuela.

Aquí te presento algunas de las obras de Salzillo que están vinculadas a la Semana Santa de Orihuela:

  • Nuestro Padre Jesús de la Caída (Cofradía del Perdón), creada en 1754.
  • Ecce Homo (Cofradía Ecce Homo), realizada en 1777.
  • El Cristo de la Agonía, considerado como uno de los mejores crucificados de Salzillo y uno de los más destacados del barroco español (Mayordomía de Nuestro Padre Jesús Nazareno).
  • Jesús lavando los pies al príncipe de los Apóstoles, también conocido como El Lavatorio (Cofradía del Lavatorio).
  • Santísima Virgen Dolorosa (Hermandad de la Resurrección), obra del siglo XVII.
  • El Prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos, obra de 1758 que actualmente está desaparecida (Archicofradía de Nuestra Señora del Pilar).
  • Jesús en el Camino de la Amargura, obra de 1758 que también está desaparecida (Archicofradía de Nuestra Señora del Pilar).
  • Negación de San Pedro, obra de 1759 que está desaparecida (Archicofradía de Nuestra Señora del Pilar).

El Canto de la Pasión, Bien de Interés Cultural de España

La antigua composición de El Canto de la Pasión, según se cree, surgió en el convento de la Trinidad en Orihuela en el siglo XVIII, aunque algunos expertos sugieren que podría remontarse hasta el siglo XV o XVI. En su interpretación, se pueden apreciar ciertos elementos que recuerdan a las notas medievales mozárabes del querido Misterio de Elche.

Se ha mencionado la similitud entre “La Pasión” de Orihuela y las coplas cantadas por los conocidos Auroros de la provincia vecina de Murcia. También se puede encontrar similitud con los textos de unas antiguas coplas pasionarias de la isla de Tabarca.

D. Vicente Perpiñán, Maestro de Capilla de la Santa Iglesia Catedral de Orihuela desde julio de 1913, afirmó en un artículo publicado en el periódico “El pueblo de Orihuela” en 1926 que “estas melodías son eminentemente oriolanas, aunque con el paso del tiempo no podemos asegurar con certeza quién fue el autor de tan emotiva página musical, podemos atribuirla a uno de los religiosos que vivieron en el convento de la Trinidad, que pudo haber recogido esos suspiros del alma de nuestros antepasados y, con su pluma empapada en la misma sangre del Redentor, ofrecerlo a Orihuela, para que ella fuera el inmortal cantor de las tristezas y agonías de un Dios hecho Hombre y de las lágrimas de dolor de una Virgen Madre. Por lo tanto, Orihuela es el origen de este canto”.

Este anónimo fraile trinitario plasmó en un códice una de las páginas musicales más bellas de nuestro patrimonio cultural autóctono, que a pesar de muchas vicisitudes, tuvimos la suerte de recuperar hasta nuestros días.

El Canto de la Pasión fue declarado Bien de Interés Cultural en 2019.

El Canto de la Pasión consta de tres partes: Jueves Santo (quintilla que siempre inicia el canto), Colativas (quintillas en número de seis), Seguidilla (más conocida como Pilatos) y Ave María. Estas son sus letras principales:

Jueves Santo.
De mañana, antes de salir el sol,
iba el Rey de las Almas
contemplando en su pasión
por la Reina Soberana.
Por ventanas y balcones,
mucha gente se asomaba,
y al tropel de los sayones,
«¡que muera Jesús!» clamaban,
en medio de dos ladrones.
Un abrazo muy cruel,
le dio a Jesús el vil Judas,
y también le dio a beber
el Cáliz de la amargura,
vino mezclado con hiel.
Quedaos con Dios Madre mía,
vuestra bendición espero,
porque ya ha llegado el día,
que enclavado en un madero,
se cumplan las profecías.
Pilatos la sentencia que a Cristo le dio,
en una zafa de agua sus manos lavó.
Eso lo hizo, pensando que con ello quedaba limpio.

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