Semana Santa en Calahorra

La Rioja

Declarada de Interés Turístico Nacional

La Semana Santa en Calahorra, una ciudad en La Rioja, fue reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional en 1998. Este reconocimiento, el primero de su tipo en La Rioja, se debe a la combinación única de originalidad, tradición, historia y diversidad que caracteriza a esta celebración.

La Semana Santa en Calahorra tiene profundas raíces en el pasado romano y cristiano de la ciudad. Durante el Imperio Romano, Calahorra, también conocida como Calagurris Iulia Nassica, fue una de las ciudades más importantes del norte de la Península Ibérica. Fue el hogar de figuras destacadas como Marco Fabio Quintiliano, un renombrado profesor de retórica, y Aurelio Prudencio, un poeta esencial para el estudio de los orígenes del cristianismo. Los santos patrones de la ciudad, San Emeterio y San Celedonio, eran soldados romanos que fueron martirizados por su fe católica.

En Calahorra, la tradición romana se fusiona con una profunda devoción cristiana, creando una celebración de la Semana Santa verdaderamente única.

En el año 2014 es Declarada de Interés Turístico Nacional.

El asociacionismo motor de la Semana Santa en Calahorra

La Semana Santa de Calahorra se distingue por la amplia participación de la comunidad local. Dos asociaciones locales, la Cofradía de la Santa Vera Cruz y la Asociación Cultural Grupo Paso Viviente, son las encargadas de organizar la programación de la Semana Santa, que dura aproximadamente un mes. Estas asociaciones también coordinan a más de 3.000 personas que contribuyen activamente en la realización de los eventos.

La tradición de «trabar» a hombro

La mayoría de las procesiones de la Semana Santa en Calahorra se realizan en el Casco Histórico de la ciudad, un lugar donde convergen las culturas romana, musulmana y judía, caracterizado por sus calles estrechas y empinadas. En 1685, Calahorra, junto con Toledo, logró obtener una exención a la prohibición papal de llevar imágenes en andas durante las procesiones. En la actualidad, todos los pasos, algunos de los cuales pesan más de 1.000 Kg., siguen siendo llevados o “trabados” sobre un solo hombro, preservando así la tradición.

42 peldaños de penitencia

La mayor parte de las procesiones culminan en el Templo de San Francisco. Para llegar a la entrada del templo, es necesario ascender por una escalera de tres secciones que conecta la calle de abajo (Cuesta de la Catedral) con la calle que lleva al Templo de San Francisco (Rasillo de San Francisco). Esta escalera consta de 42 escalones en total, lo que representa un desafío adicional hacia el final de la procesión y añade un elemento de interés para los espectadores.

Una única cofradía custodia todos los pasos

En Calahorra, todos los pasos procesionales, que suman un total de 20, están bajo el amparo y custodia de una única Cofradía, la Cofradía de la Santa Vera Cruz. Esta es la única cofradía en la ciudad y tiene la responsabilidad de organizar todas las actividades procesionales y religiosas. Cuenta con más de 1.800 cofrades que forman parte de su comunidad.

La ciudad de la verdura está presente en la decoración de los pasos

Durante la década de 1940, debido a dificultades económicas que impedían la decoración de los pasos con flores, los habitantes de Calahorra optaron por adornar los pasos con vegetales y hortalizas locales, como berzas y coliflores. Estos últimos han contado con una Indicación Geográfica Protegida, un sello de calidad otorgado por la Unión Europea, desde 2003. También se utilizaba laurel, un condimento común en los guisos de La Rioja. Hoy en día, algunos pasos continúan la tradición de incorporar estos productos en su decoración floral, como un homenaje al pasado y un símbolo de la identidad actual de Calahorra, conocida como la “Ciudad de la Verdura”.

Gregorio Fernández en la imaginería calagurritana

El Monasterio de San José, también conocido como el Convento de las Carmelitas Descalzas, es el hogar de una de las joyas de la escultura religiosa española: “El Cristo Atado a la columna”, una obra barroca de 1625 creada por Gregorio Fernández. Esta obra fue encargada por las monjas del monasterio, quienes viven en clausura y combinan su vida religiosa con la elaboración de deliciosos dulces tradicionales.

Es interesante notar que esta escultura es la única de su tipo en el norte de España y comparte características similares con las que se encuentran en Madrid, Valladolid y Ávila. Todas estas esculturas representan la columna troncocónica de piedra que fue llevada a Roma desde Jerusalén en 1223 por el cardenal Colonia, y que se considera la auténtica.

“El Cristo Atado a la columna”, junto con otras cuatro obras, el Ecce Homo procesionado (Templo de San Francisco), la venerada Virgen del Carmen (Santuario del Carmen) y el retablo de la Sagrada Familia (Monasterio de San José), forman parte de la impresionante colección de obras atribuidas a este destacado escultor.

El juego de los borregos

Durante las primeras horas del Jueves y Viernes Santo, después de las procesiones, numerosos residentes de Calahorra y visitantes se reúnen en dos lugares de la ciudad, el Casino Principal y la Unión Calahorrana, para participar en un juego conocido como “los Borregos”.

“Los Borregos” se juega en una mesa de billar. El jugador, utilizando un rodillo, golpea ocho bolas alineadas hacia un foso en la esquina opuesta de la mesa. Si un número par de bolas cae en el foso, el jugador gana. Sin embargo, si cae un número impar de bolas, el jugador pierde. Si ninguna bola llega al foso, el tiro se declara nulo. Después de tres nulos, el jugador pierde su turno.

En una sección de la mesa delimitada por una línea blanca, el jugador coloca su apuesta. No hay límites para la apuesta, pero debe ser igualada por otro jugador. Después de la apuesta, se realiza el tiro. Si el jugador gana, recoge el dinero de la mesa y vuelve a apostar. Si pierde, pierde su turno.

Una característica controvertida del juego es que solo los hombres pueden participar. Las mujeres no pueden asistir ni siquiera como espectadoras.

El origen del juego es desconocido, así como cómo surgió por primera vez y cómo logró sobrevivir al régimen franquista, que no se atrevió a prohibirlo explícitamente. Este hecho permitió que el juego perdurara a lo largo de la historia. Las dos jornadas de juego (Jueves Santo y Viernes Santo) son la única oportunidad anual para disfrutar de este juego ancestral.

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